Por: Irma Becerra

Hoy hablo desde la izquierda honesta, moderada, democrática y no sectaria, y desde su legado histórico-político-pedagógico. Hablo también desde el marxismo dialéctico relacional y comprensivo para la actualización histórico-política de la izquierda hondureña, latinoamericana y del mundo, porque sin la superación esforzada de las ideologías y su superación por la filosofía no hay revolución democrática. ¡Sin Filosofía no es posible la revolución!

En nuestro caso concreto, ese nuevo marxismo tiene, en el momento actual y en primera instancia, como objetivo político central la realización de la revolución democrática, antiimperialista, agraria y popular, como la única solución que puede abrirle nuevas posibilidades de desarrollo a las fuerzas productivas de Honduras, al ponerle fin a la dominación neocolonial del imperialismo norteamericano y cerrarle definitivamente el camino a los objetivos reaccionarios de la oligarquía terrateniente-burguesa. Eso significa que precisamos de una actualización histórica relacional dialéctica que posponga en la actualidad en Honduras, la realización de la revolución socialista, ya que el momento histórico exige el paso de la lucha revolucionaria por una etapa de transición nacional democrática, que rescate ante todo la ética política social, rescate nuestra economía, los valores patrios, el Estado de Derecho y nuestra soberanía, así como nuestra identidad nacional.

Lo anterior significa que el objetivo principal de la actual lucha de clases en Honduras, América Latina y el mundo entero, debe ser ante todo impedir la total militarización y derechización fascista totalitaria mediática de nuestros países y pueblos, por lo que la intención de la ultraizquierda trotskista y maoísta de proclamar la revolución socialista sin antes realizar un amplio trabajo político de aglutinamiento de los pueblos y las masas populares para constituir una masiva movilización y organización pacífica de las poblaciones del mundo que derribe las dictaduras y el militarismo, esas posturas ultraizquierdistas, repito, son extralimitaciones fatales del análisis histórico ya que frenan y cierran la posibilidad del diálogo político así como la definición de democratización y humanización de la política para dar paso a la autodeterminación de los pueblos. Sólo el trabajo político de amplio espectro, unido a la formación filosófica de las masas populares y sus líderes, sólo el estudio concienzudo de la teoría política y filosófica pueden orientar hacia procesos revolucionarios pacíficos no extremistas y radicales.

Se precisa entonces de una “alianza con los pueblos” que no deje de lado a los empresarios honestos, los pequeños productores y emprendedores y los desempleados, que proponen y están interesados en una economía nacional propia, que pueda desarrollar a los países en base a relaciones de producción no feudales y oligárquicas, sino liberadas de las trabas del capitalismo extractivista y dependiente, unidas en un amplio frente popular contra toda explotación y apropiación de nuestras riquezas y recursos naturales. En esto no vale la postura radical de que la revolución y el gobierno popular pueden realizarse al margen de la clase empresarial o los empresarios, porque “éstos no son pueblo”.

Se precisa, además, no solo de una alianza con las centrales obreras bajo la creencia trotskista de que la revolución la hacen los proletarios solos, sino de una alianza global con las centrales campesinas, los estudiantes, las mujeres, los intelectuales, la juventud y también con los militares patriotas porque todos ellos constituyen pueblo, y porque la clase obrera aislada del resto de las familias (en sus distintas profesiones) no puede por sí sola encabezar un movimiento verdaderamente democrático y popular.

En Honduras, eso significa aliarse con los militares que han denunciado la corrupción en el país y al interior de las Fuerzas Armadas, es decir, aliarse con el capitán Santos Orellana Rodríguez, porque los militares también son personas reflexivas que piensan y pueden pensar. La actual deformación política y ética de la sociedad y el Estado hondureños, cooptados por la corrupción, el crimen organizado y el narcotráfico, nos permite precisamente considerar la posibilidad de que existan militares interesados en los cambios estructurales que ahora se plantean en Honduras y, de consiguiente, que integren las luchas del pueblo por su emancipación económica y política. Establecemos los siguientes lineamientos para los “oficiales progresistas” que actúan dentro del ejército, con el objetivo de detener la acelerada militarización de nuestros pueblos: 1) combatir la corrupción de elementos de la alta oficialidad y el desinterés por las libertades que el pueblo necesita en su lucha por la democratización y la autodeterminación política; 2) incorporarse, en su condición de soldados, clases y oficiales, a las filas de combate del pueblo; 3) Impedir la represión, por parte del ejército, a obreros, campesinos, intelectuales, indígenas, luchadores sociales por los derechos humanos y otros sectores que luchan contra el imperialismo y la oligarquía terrateniente-burguesa; y 4) luchar por liberarse del control de la Misión Militar yanqui y de la sujeción a las directivas del Comando Sur de los Estados Unidos de América y la embajada americana.

Se trata entonces, en la verdadera política de izquierda de realizar una alianza que no sea al margen de los empresarios conscientes y los militares patriotas, porque sin ellos, sin considerarlos también ciudadanos, no podremos gobernar en paz y en democracia, y podemos ser víctimas de nuevos Golpes de Estado. Más que una lucha entre clases, el marxismo dialéctico relacional comprensivo ve en la historia que ha transcurrido hasta ahora, una lucha y competencia acérrima entre familias que desean usurpar egoístamente el poder para distribuírselo, y que sean entonces individuos poco interesados en la emancipación del pueblo, los que nos gobiernen. La tarea política del siglo XXI es, por eso, la democratización y humanización de las familias y los individuos, además de las clases sociales.

En nuestro país observamos una división de la izquierda hondureña ante las próximas elecciones de noviembre de 2021. Eso está llevando a algunos líderes presidenciales a hacer alianzas entendidas como fusiones, y no como unidad con independencia ideológica, al mismo tiempo que una actitud de crítica fraternal contra las inconsecuencias o errores de los aliados. ¡Sin pensamiento crítico analítico y sin autocrítica tampoco hay revolución!

La posible alianza liberal-trotskista que se avizora está llamada a fracasar porque la táctica ultra radical de penetrar los partidos de la oposición para aprovechar sus votos y acceder a puestos de poder sin mayor esfuerzo político y teórico, y dejando de lado a sectores importantes y decisivos de la sociedad, no va a prosperar si sus líderes no reconsideran sus posiciones y se ganan con trabajo y ejemplo la confianza del pueblo. Pero esa confianza no se gana solo gritando y caminando en las calles, sino creando y esforzándose por generar pensamiento y doctrina nuevas. ¡No sólo en las calles está el poder!

En este sentido, precisamos de una actualización histórica de Honduras, América Latina y el mundo que crea en la lucha revolucionaria esencialmente política de respeto de la condición ciudadana consciente de cada persona, sea militante o no de algún partido, como convicción de que cada persona puede cambiar hacia mejor, lo mismo que cada familia, cada individuo y cada mujer participantes. De esto se deriva que la actualización política de los movimientos de oposición pasa por la adopción de una filosofía y un marxismo más universales y más universalmente fundamentados que los anteriores, y eso significa estudiar y leer mucho para pensar y dirimir humanísticamente. ¡Sólo con tácticas desesperadas y fáciles, al margen de una estrategia relacional y comprensiva, ¡no es posible la revolución!

 

FUENTE: https://criterio.hn/actualizacion-historica-y-politica-de-la-izquierda/