Al término de enero de 2015, el Índice de Precios al Consumidor mostró un incremento para el 68 por ciento de los bienes y servicios de la canasta, un 10 por ciento disminuyó y un 21 por ciento No registró variaciones.

La ola de especulación que afecta a los consumidores tiene un impacto sustancial sobre la capacidad para adquirir la canasta básica.

Con todo y que el Gobierno ha llegado a acuerdos con los agricultores y ganaderos para mantener los precios de la carne y de los huevos, el desabastecimiento de los mismos ha tenido sus efectos.

Igual comportamiento se ha observado en el costo de los productos lácteos y de los granos básicos, cuyo suministro irregular ha generado una notable inestabilidad en su costo.

Las autoridades gubernamentales han vuelto a echar mano del gastado recurso de fijar un techo para la comercialización de los bienes de consumo esencial, pero históricamente ese tipo de regulaciones No ha producido resultados satisfactorios.

Al término del mes anterior, el Índice de Precios al Consumidor mostró un incremento para el 68 por ciento de los bienes y servicios de la canasta, un 10 por ciento disminuyó y un 21 por ciento No registró variaciones.

Una interpretación de las cifras lleva a deducir que la distancia entre los ingresos de la mayoría de los hondureños y el acceso a los productos básicos es abismal.

Se estima que dos millones de hondureños agrupados en 800 mil familias en extrema pobreza, sobreviven con alrededor de 650 lempiras mensuales; es decir, un poco más de 21 lempiras diarios.

Esto significa que tal segmento poblacional apenas puede cubrir el ocho por ciento del valor actual de los bienes de consumo esencial que ronda los ocho mil lempiras mensuales.

Y un reducido número de 600 mil hondureños que reciben un salario mínimo cubren el 97 por ciento de sus necesidades alimenticias, si se toma como base que el sueldo de subsistencia en Honduras subió de siete mil 400 a siete mil 800 lempiras al mes.

Hay que hacer notar, sin embargo, que los obreros del sector agricultura, silvicultura, caza y pesca, devengan un salario promedio de cinco mil 100 lempiras que equivalen al 63 por ciento del valor de la canasta básica.

El costo de los alimentos esenciales se incrementó en un 35 por ciento durante 2014, porcentaje éste que se tradujo en un encarecimiento de 410 lempiras.

En los últimos 10 años, el valor de la canasta básica se duplicó. Pasó de cuatro mil lempiras en 2005 a ocho mil lempiras en 2014, en tanto que el salario mínimo subió en ese mismo período en alrededor de cuatro mil 800 lempiras.

Hasta 2005, los trabajadores cubrían cerca del 67 por ciento del valor de los bienes de consumo. Entre 2006 y 2009, los trabajadores recibían una remuneración mínima que rondaba los seis mil lempiras, equivalente al 97 por ciento del costo de la canasta básica.

En el lapso entre 2010 y 2014, los asalariados recibían un pago mínimo promediado en siete mil lempiras; es decir, el 94 por ciento del costo de los bienes de consumo básico y, en este momento, los trabajadores reciben alrededor de siete mil 800 lempiras, monto éste con el cual es posible cubrir el 97 por ciento de la canasta.

En la realidad, estas relaciones No son tan sencillas, dado que más del 60 por ciento de las empresas No cumplen con el pago del salario mínimo decretado por el Gobierno.

Al final, un porcentaje apreciable de los 600 mil hondureños que están ocupados dentro de la categoría de un salario mínimo, reciben una remuneración mucho menor.

El asunto de fondo es cómo garantizar que todos los hondureños, especialmente los que viven en la extrema pobreza, tengan acceso a la canasta básica, que implica un derecho elemental.

Hay que comenzar adoptando las medidas tendientes a ponerle fin a las enfermedades del mercado como son la especulación, el desabastecimiento y la escasez, a la vez que se fortalece el aparato productivo nacional mediante políticas integrales para dinamizar la economía.

 

Fuente: http://www.radiohrn.hn/