El experto en capital riesgo Brook Porter cree que cada vez hay más potencial para invertir en agricultura gracias a sus innovaciones tecnológicas

farm.tech_.investor.attentionx299Sillicon Valley (EEUU) no ha generado mucha innovación en la industria agrícola, pero eso está cambiando, y de ello se han percatado las entidades de riesgo. Entre ellos se encuentra Brook Porter, socio de Kleiner Perkens Caufield & Byers (KPCB). El Fondo para Crecimiento Verde de KPCB valorado en 1.000 millones de dólares (unos 910 millones de euros) ha invertido en la empresa israelí Kaiima, que trabaja en la mejora de programas de cultivo sin el uso de organismos genéticamente modificados (OGM), y en una empresa llamado Farmer´s Edge (la ventaja del granjero en inglés) que utiliza imágenes de satélite para desarrollar propuestas agrícolas personalizadas. KPCB aún no ha liquidado ninguna de sus inversiones en la tecnología agrícola, que suelen oscilar entre los 12 y los 15 millones de dólares (entre casi 11 y 14 millones de euros). Porter nos ha concedido esta entrevista para hablar sobre cómo la tecnología está cambiando la agricultura y porqué de repente se interesan los inversores por ello.

¿Las granjas por fin se unen al mundo de la alta tecnología? 

De hecho, no es tan novedoso encontrar tecnología en las granjas. La conducción autónoma de la que tanto se escucha hablar actualmente desde el sector automovilístico lleva más de una década en los equipos agrícolas. En las grandes extensiones, si la trayectoria del tractor se solapa con cada giro que dé, se malgastarán mucho tiempo y recursos. Así que la capacidad de dirigir la maquinaria con extrema precisión y de forma automática es muy valiosa para los agricultores. Esto impulsó el lanzamiento de lo que ahora supone una plataforma de hardware entrelazado destinado a la agricultura. Tiene muchísimo potencial para la incorporación de herramientas de software.

¿Cuáles de las nuevas tecnologías serán más importantes para los agricultores?

Una de las primeras sería la teledetección, desde satélites hasta drones. Múltiples start-upde nueva creación [algo que está siendo impulsado en parte por SpaceX] están consiguiendo reducir de forma drástica los costes asociados a la captación de imágenes por satélite a la vez que consiguen mejorar la calidad y aumentar la frecuencia de esas imágenes. Cada vez se extiende más la creencia de que la teledetección puede identificar problemas dentro de la industria agrícola, como cuando una planta sufre una deficiencia de nitrógeno, o no recibe suficiente cantidad de agua, supuestos que antiguamente sólo se podría detectar por alguna característica física, como el color marrón de sus hojas. La mera indicación a un granjero de la cantidad exacta de abono que debe utilizar y en qué lugar exacto lo debe echar puede aumentar los beneficios hasta un 30%. Al mismo tiempo, esos datos proporcionan información valiosa acerca de cómo se cultivó la cosecha, lo que tiene una importancia creciente para los consumidores.

Grandes empresas como John Deere y Monsanto reconocen que la industria está en proceso de evolución, y se dirigen hacia este espacio tecnológico a todo gas. Pero nosotros creemos que empresas independientes que ofrecen consejos objetivos supondrán una mejor opción que las grandes empresas que intentan venderles al mismo tiempo semillas y productos químicos.

¿Que oportunidades existen?

La primera: herramientas para la mejora vegetal. El coste que supone la modificación genética ha caído de forma drástica durante la última década, lo que permite a los cultivadores aprovecharse de una rama nueva de la ciencia.

La segunda oportunidad la brinda big data generado por hardware entrelazado; datos nuevos recibidos de sensores, imágenes de satélite, y drones; y análisis avanzados desde la nube que ponen estos datos e información estadística a nuestra disposición a través de dispositivos móviles.  La tercera: la reducción del uso de productos químicos en la producción alimentaria. Hoy en día muchos agricultores intentan utilizar alternativas biológicas, pero muchas veces son menos eficaces que los productos de origen químico. Empezamos a ver mejores versiones de estas alternativas biológicas y técnicas más convenientes para la implantación de estos productos. También estamos observando métodos totalmente innovadores que podrían prácticamente eliminar el uso de herbicidas y pesticidas.

La agricultura parece una inversión poco convencional para una entidad de riesgo. ¿Tenéis mucha competencia? ¿Cuáles son los riesgos?

Históricamente, la tecnología agrícola se ha basado en el desarrollo de determinadas características mediante la modificación genética, lo que no ha supuesto un mercado viable para la inversión por parte de entidades de riesgo puesto que requiere grandes inversiones [empezando por valores de 100 millones de dólares -unos 91 millones de euros- o más] y mucho tiempo, de entre cinco y diez años de media. Sin embargo, ahora el software, los datos y la analítica son las fuerzas disruptivas de la agricultura, lo que supone un cambio para la industria y algo muy relevante para Sillicon Valley.

Los riesgos son los propios de cualquier negocio dentro de la agricultura. Hay un ritmo limitado de adopción de nuevos productos debido a la naturaleza temporal de la industria. Han existido pocas salidas para inversores: aún no se ha producido ninguna oferta pública de venta dentro del sector de «software + agricultura», y en general los inversionistas tienen poca experiencia con la agricultura. Aunque estamos viendo cómo empiezan a ocupar este espacio. La competencia proviene hoy sobre todo de inversores estratégicos, empresas que antes operaban en la industria, pero se están volviendo más activos los inversores de capital riesgo.

¿Cómo conseguirá la tecnología convertir la agricultura en una actividad más eficiente?

Actualmente hay mucho trabajo manual dentro de la agricultura, desde un hombre que se dedica a arrancar hierbajos, un piloto que fumiga la cosecha, o cultivadores que miden su rendimiento. Muchas de estas labores se podrían realizar mejor y de forma más barata mediante robots y drones. Esta es la tecnología que he visto yo. La visión inteligente ya ha avanzado tanto que con la cámara de tres dólares (unos dos euros) de tu iPhone y software de código abierto se puede entrenar a un robot para que identifique la diferencia entre tu cosecha y un hierbajo, y a que elimine hierbajos de forma automática. Eso reduce la fumigación masiva con productos químicos de las fuentes de nuestro sistema alimenticio, mejora la eficacia de recursos, y algún día podría hasta ahorrarles dinero a los agricultores.

 

FUENTE: http://www.technologyreview.es/