Problemas económicos, conflictos políticos y la violencia criminal son algunos de los motivos que llevan a muchas personas a abandonar su hogar

El 21,8% de los latinoamericanos quiere emigrar, según el Barómetro de las Américas 2014 de LAPOP, que realizó encuestas en 22 países de la región. En algunos casos es para instalarse definitivamente en el exterior, pero en otros es sólo para trabajar un tiempo y luego regresar.

Haití es el caso más extremo: seis de cada diez consultados por el estudio manifiestan deseos de irse. Muy cerca está Jamaica, donde la intención de emigrar alcanza al 58% de las personas.

Seis de los diez países con mayor proporción de potenciales migrantes pertenecen a la región de Centroamérica y el Caribe. Además de Haití y Jamaica están Honduras (31,8%), República Dominicana (29%), El Salvador (28,4%) y Nicaragua (23%).

Los restantes son Guyana (31,2%), Paraguay (24%), Perú (22,8%) y Colombia (20,6%).

Los tres en los que menos personas quieren irse al exterior pertenecen al Cono Sur. Son Uruguay (7,9%), Chile (8,1%) y Argentina (9,8%).

Completan la lista Costa Rica (10,1%), Trinidad y Tobago (11,4%), Venezuela (12%), Belice (12,5%), Panamá (13,1%), México (13,7%) y Brasil (14,2%).

 

Razones para emigrar en América Latina

«La población latinoamericana tiene muchas cosas en común, pero a la vez es muy heterogénea. En consecuencia puede decirse que, entre las causas que la hacen emigrar están factores sociales, económicos, políticos, culturales, ambientales, e incluso, por los efectos de fenómenos naturales de difícil predicción», explica Vladimir López Recinos, doctor en estudios del desarrollo e investigador de la migración centroamericana a Estados Unidos y Europa de la Universidad Autónoma de Nuevo León, en diálogo con Infobae.

 

«Pero comúnmente es aceptado que las principales causas son de carácter económico: la falta de un empleo y de un salario digno para tener una vida decorosa. Ese es un argumento válido y es bastante mencionado por muchos migrantes, principalmente por quienes son originarios de los países con menores índices de desarrollo y con mayor inequidad social. También la ausencia o falta de derechos individuales; la violencia; la ingobernabilidad; la corrupción gubernamental y policial, pueden ser causales importantes», agrega.

 

Otra forma de caracterizar a los distintos tipos de migraciones es dividirlas entre voluntarias y compulsivas. Si bien no siempre es tan fácil marcar una distinción tajante entre unas y otras, porque cualquier emigración suele tener un poco de cada una, hay tendencias bastante claras.

 

Jóvenes que deciden irse a otro país para estudiar son un ejemplo habitual de las voluntarias, sobre todo cuando no es por una decisión económica -porque es demasiado oneroso estudiar en el propio país-, sino por la experiencia en sí misma. Lo mismo puede decirse de un hombre de negocios o un diplomático que se va porque le surge una oferta de trabajo que le resulta atractiva.

 

En cambio, la migración compulsiva se distingue porque hay algo que hace sumamente difícil la existencia en el lugar de nacimiento. Las razones económicas son las más comunes.

 

«Son personas con un perfil socioeconómico y cultural distinto -dice López Recinos-: obreros, campesinos, e incluso profesionales que se ven obligados a ir en busca de un trabajo y un mejor salario para tratar de alcanzar un mejor nivel de vida para ellos y su familia».

 

Pero las compulsivas también pueden ser políticas. Un ejemplo de larga data es la migración de cubanos a Estados Unidos, escapando de la dictadura castrista. Uno más reciente es de los venezolanos que huyen del autoritarismo creciente de la Revolución Bolivariana.

 

«La mayor parte de las migraciones son para empezar una vida nueva, con estabilidad laboral y mayores ingresos. Sin embargo, por ejemplo, los venezolanos, tienen expectativas de regresar», dice a Infobae el investigador Raúl Benítez Manaut, del Centro de Investigaciones sobre América del Norte de la Universidad Nacional Autónoma de México.

 

La duración de la estadía en el extranjero es otro criterio de diferenciación. Algunos proyectos migratorios se piensan como cambios definitivos, con la idea de empezar una nueva vida. Pero otros se planean por un período determinado, ya sea para juntar algo de dinero y luego volver, o para esperar a que los problemas que hacen inviable la vida en el país de origen se solucionen.

 

«Existe una migración circular de carácter histórica, que se remonta al siglo pasado (1942-1964) con el programa Bracero, y es particularmente la de los jornaleros mexicanos que cada año se van a trabajar a Estados Unidos. Mucha de esa migración se basa en cuotas de permisos de trabajo temporal documentado (visas h2a) que se otorgan a obreros y jornaleros para que vayan anualmente (de seis a ocho meses) a trabajar en algunos sectores, pero especialmente el agrícola, maquilas y de servicios. Esa situación de carácter temporal y documentada la hace una migración cíclica y estacional», dice López Recinos.

 

«En cambio -continúa-, la migración de centroamericanos, sudamericanos y caribeños (Honduras, Guatemala, El Salvador, Ecuador, Brasil, Cuba entre otros) tiende a ser más de permanencia e incluso de no retorno. Se debe a muchas razones, entre ellas la distancia, pero también a la condición indocumentada en que se da, lo cual les impide una vez que llegan volver a salir o regresar con normalidad. En esos casos muchos migrantes optan por quedarse y tratar de que sus familiares más cercanos emigren igualmente para que se pueda dar un reencuentro».

 

Centroamérica y el Caribe, una región que expulsa

 

«Honduras, Guatemala y El Salvador son los países centroamericanos de donde más emigra población con destino a Estados Unidos. Lo hacen de manera indocumentada, transitando por México, y eso la convierte en una migración altamente vulnerable. El corredor migratorio México-Estados Unidos es hoy uno de los más crueles y peligrosos a nivel mundial», explica López Recinos.

 

«Por otra parte, están los nicaragüenses que emigran a Costa Rica, ya que ‘la Suiza de América’ presenta muy buenos índices de desarrollo y les ofrece trabajo y buenos salarios en algunos sectores. El otro caso es el de los migrantes cubanos que salen vía marítima en embarcaciones precarias o lanchas rápidas proporcionadas por traficantes de personas, para llegar a suelo estadounidense, donde son recibidos sin mayor problema», agrega.

 

Más allá de las diferencias que hay entre los países de la región, en la mayor parte de los casos se trata de migraciones compulsivas, impulsadas por los problemas económicos. La falta de trabajo, los bajos salarios y la imposibilidad de acceder a servicios sociales de calidad son factores determinantes.

A esto se suma que es la región más violenta del continente. Países como Honduras, Guatemala y El Salvador están a tope en homicidios, y el Estado falla como en pocos lados en su función de brindar seguridad a la población. Eso también funciona como un gran expulsor de ciudadanos hacia el exterior.

 

«Comparando a los países, en Centroamérica y el Caribe son de muy bajos ingresos, sin expectativas de vida laboral. Por ello son los que en mayor proporción desean emigrar», concluye Benítez Manaut.

Fuente: SM

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