Aquella frase célebre que nos ofrece una canción fundamental para los mexicanos que dice: “México lindo y querido, sin muero lejos de ti, que digan que estoy dormido y que me traigan aquí” toma mucho significado en estos días en que los mexicanos tomamos estos días para traer de vuelta a casa el recuerdo de nuestros muertos con los aromas, sonidos y memorias que plasmamos en las ofrendas.

Y es que si de morirse se trata los mexicanos somos los más sentimentales y siempre rogamos porque sea en casa cerquita de los nuestros, lo que aplica también para aquellos paisanos que viajan hacía Estados Unidos para que, trabajando arduamente, logren una mejor vida que la que les ofrece su país natal.

Un amplio porcentaje de los mexicanos que legal o ilegalmente radican en la Unión Americana quiere regresar a México a vivir su vejez y que la muerte lo encuentre en su país.

Cuando la muerte no avisa

Según datos del INEGI, Puebla es uno de los estados que ocupa los primeros lugares de repatriación de cuerpos de migrantes hacía su comunidad de origen. Entre las causas más comunes están los accidentes en el trabajo o mientras viajan de casa al trabajo o viceversa.

Muchos paisanos encuentran la muerte atropellados, en accidentes viales en los freeways mientras viajan hacinados en las camionetas que los llevan y traen del trabajo o en los rieles de los trenes de los condados donde habitan o laboran.

Es aquí donde sus familias tienen la oportunidad de repatriar su cuerpo para ser enterrado en su comunidad de origen y donde se le rinden los homenajes acostumbrados por los mexicanos.

Datos del Gobierno de Puebla arrojan que en lo que va de esta gestión 700 cuerpos de poblanos han sido repatriados.

La muerte durante el cruce

Según datos de la Organización Internacional de Migración tan sólo en la frontera norte de México con Estados Unidos, desde 1998 hasta el año 2013 murieron más de 6 mil personas, entre ellos niños, adultos y mujeres. Las diferentes etapas del año en que toman la decisión de cruzar es lo que determina la forma en que ocurre su muerte, las temperaturas extremas en el desierto, el elevado cauce del Rio Bravo y últimamente los encuentros con elementos de la Patrulla Fronteriza que ha aumentado lamentablemente sus actitudes de abuso de autoridad.

Lo más triste de las muertes durante el cruce fronterizo es que un gran porcentaje de cuerpos no regresan con sus familias y muchos de ellos son abandonados en el desierto o jamás recuperados de las aguas del Río Bravo. De esta forma, los cuerpos de hombres, mujeres y niños engrosan las listas de desaparecidos o de desconocidos en las fosas comunes quedando solo el recuerdo en sus familias de que murió en su intento por buscar una mejor vida como indocumentado en Estados Unidos.

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