Por Daniel Atienzar, UNICEF Honduras

NIMG_7534-620x413ailery tiene año y medio, vive en la comunidad garífuna de Corozal, en la zona norte de Honduras. Ella es la pequeña de 5 hermanos, apenas camina sin ayuda, balbucea algunas palabras mientras su madre la mece en brazos. Sus grandes ojos conservan el brillo del reflejo del sol sobre el mar Caribe y da la sensación  de que perdió la sonrisa hace 6 meses cuando, junto a su madre y un hermano de 5 años, emprendió el viaje a través de Guatemala y México hacia Estados Unidos.

 

El norte de Honduras es una de las regiones donde se concentran buena parte de los casos de migración infantil hacia Norteamérica. Según datos del Servicio de Aduanas y Protección Fronteriza de EE.UU., alrededor de 20.000 menores hondureños no acompañados han sido retenidos en alguno de los centros de los estados de Texas, Nuevo México, Arizona y California desde mayo de 2014 (no existen datos de los menores que logran atravesar la frontera sin ser arrestados).

Dos son los principales motivos por los que la mayoría de niñas y niños que viajan sin compañía inician el viaje hacia el norte. Honduras tiene la mayor tasa de homicidios del mundo por la proliferación de maras o pandillas, el crimen organizado y el narcotráfico. A su vez, existe una tasa de impunidad del 92% de muertes violentas que no son resueltas. El segundo factor es la pobreza endémica que arrastra el país, donde el 66% de las familias viven en condiciones de pobreza y el 42% en pobreza extrema.

Nailery observa minuciosamente todo lo que sucede a su alrededor, aunque nada entiende de las cifras y estadísticas que miden el desarrollo de un país. En Honduras, el 56% de los 8.894.975 de personas que viven en el país es menor de 24 años. El 30% de la población de mujeres embarazadas tiene menos de 18 años y, según un estudio de la Fiscalía de la Niñez hondureña, el 50% de los embarazos en menores de edad son causados por violaciones, muchas de ellas cometidas por sus propios familiares. En Honduras, 1 de cada 4 mujeres entre 15 y 19 años ha tenido por lo menos un hijo.

UNICEF trabaja junto al Gobierno de Honduras mediante la campaña de Niñez Migrantey el programa “Retorno de la Alegría” para recibir a la infancia que regresa al país,localizar a sus familias, facilitar la reinserción de niñas y niños en la escuela yofrecerles asistencia técnica y psicológica.

Antes de despedirnos logramos arrancar una sonrisa en el rostro de Nailery, al mostrarle una fotografía suya en la pantalla de la cámara fotográfica. Cada uno de los píxeles demuestra que se necesita tomar perspectiva para entender las estadísticas y que la solución pasa por invertir en los niños para crear las oportunidades necesarias que garanticen sus derechos, en especial los de aquellos más vulnerables.

 

FUENTE:http://blogs.20minutos.es/blog-solidario-cooperantes/2015/07/03/migracion-en-centroamerica-mirar-con-ojos-de-nina/